Zorba el griego, de Nikos Kazantzakis

Otra recomendación de mi amigo y maestro, Alejandro Gandara. Confieso que mi única referencia era una película protagonizada por Anthony Quinn, que encima no he visto. Así que me daba una cierta pereza lanzarme a su lectura. Pero Alejandro me dijo una frase, una sola -que recitó de memoria, como tantas otras frases de mil libros- y esa misma noche estaba ya enganchada a su lectura.

Un carcamal nonagenario estaba plantando un almendro. Le digo: “Eh, abuelo, ¿estás plantando un almendro?”. Y él así agachado como estaba, se giró y me dijo: “¡yo,  hijito, actúo como si fuera inmortal!”. “Pues yo actúo como si fuera a morirme de un momento a otro”, le respondí. ¿Quién de los dos tiene razón, patrón?

El libro, escrito en primera persona, habla de la amistad entablada entre un joven-que entendemos es el propio autor, Nikos Kazantzakis ,- y un hombre –“un viejo sesentón, muy alto, enjuto y de ojos saltones, la cara surcada de arrugas, cacarañada, carcomida, como curtida por los rayos del sol y las lluvias“- Alexis Zorba. Zorba se ofrece como trabajador de Kazantzakis, quien se dirige a Creta a abrir una mina de lignito y, tal vez, hacerse rico. Conforme avancemos en la lectura descubriremos que esa era la excusa. Realmente va a Creta a tratar de encontrar algo del mundo y de sí mismo a través de la escritura de su gran libro, Buda.

El autor hace una profunda introspección de los protagonistas y de las personas que los rodean, mujeres, paletos, ignorantes, popes del pueblo, monjes del monasterio… Zorba ha sido y ha hecho de todo en la vida: minero, buscavidas, soldado, mercenario, buhonero, ladrón, mujeriego…  “La vida es un lío –dice Zorba-, la muerte no lo es. Estar vivo, ¿sabes lo que quiere decir? Aflojarte la faja y buscar pelea”. Kazantzakis es escritor, un intelectual idealista que observa la vida desde la reflexión y la distancia, que prefiere pasar la noche con un buen libro antes que lanzarse a la pasión… “Me acurruqué sobre una roca para reflexionar (…) Si aquella mariposa que maté por mi prisa en resucitarla volara frente a mí y me mostrase el camino, una mariposa muerta prematuramente ayudaría a una alma a no apresurarse y a desplegar, a ritmo lento, las alas”. Entre estos hombres, separados por generaciones y por experiencias de vida, se crea una relación que va más allá de la amistad.  El joven Kazantzakis necesita redimirse del dolor por el abandono de sus antiguas convicciones, del amigo más preciado… necesita refugiarse en el conocimiento de los antiguos, encontrar respuestas, reconciliar su alma con el alma del mundo. Y presiente que Zorba va a ser la persona que le proporcione eso que necesita. Así que pone una condición para vivir juntos: por la noche, después del trabajo, Zorba cocinará para él y hablarán. Y cuando hay algo que no sea expresable con palabras, Zorba tocará su santuri. Y cuanto la música sea aún insuficiente, Zorba bailará, enajenado, poseído, y sus movimientos serán el lenguaje que Kazantzakis comprenda, por fin.

¿Qué se propone el autor con una obra que destila sabiduría? ¿Sólo contarnos la historia de la humanidad a través de estos personajes? ¿Acercarnos a las cuestiones básicas del hombre: qué es la vida, qué es vivir? A mi juicio, Kazantzakis trata decirnos que las cosas más sencillas pueden llegar a ser lo mejor de la vida. Pero que probablemente no podremos averiguarlo si no penetramos en el abismo de la complejidad de nosotros mismos y de nuestra percepción de lo que nos rodea. Tal vez luego seamos tan afortunados como para captar la esencia de las cosas.

Tengo una idea, patrón, pero no te vayas a enojar. Haz una pila con todos tus libros y préndeles fuego. Entonces, tal vez, tonto no eres… ¡algo acabarás entendiendo tú también!

Zorba se maravilla con cada día, y efectivamente no lo vive como si fuera el último, sino como si todos fueran el primero. Así, por ejemplo, las piedras al bajar, “adquieren la animación de un ser viviente”. 

El estilo que el autor emplea es rápido, sencillo. Intercala la profunda reflexión con diálogos inteligentes y ágiles. Para que comprendamos la esencia misma de las palabras.

Maravillosa recomendación para estas vacaciones. Y por cierto, estupenda traducción de Selma Ancira. De Editorial Acantilado.

  2 comments for “Zorba el griego, de Nikos Kazantzakis

  1. El astronauta
    15 julio, 2018 at 10:49 am

    Gracias por tu cronica, cuando Alejandro lo comento lo apunte en la larga lista de “a leer”, con tu entrada en tu blog ha ascendido rapidamente y acabo de comprarlo!

  2. Arantza Larraz
    19 agosto, 2018 at 8:51 pm

    Hace muchos años vi la película y me ha agradado conocer tu reflexión sobre la novela, anima a leerla.

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