Encuentro en París

– Camino por las calles de París un luminoso día de otoño. He dejado el mapa en la habitación del hotel y dejo que mi intuición guíe mis pasos hasta el punto de no retorno que ignoro desde este momento. Anticipo que, en cada esquina, va a aparecer la mujer más bella que jamás conocí. Va elegantemente vestida, pero no puede ocultar su atractivo ni el hecho de que es la mujer más sexy, en una calle llena de mujeres sexys. Viste un vestido de lana negro. La cintura alta ajustada al pecho por una cinta que parece de raso de seda. No es corto ni largo. Lo justo. Realza su altura y sus piernas. Calza unos zapatos de charol negro de tacón medio. Encima del vestido lleva un abrigo negro de lana abierto y sobre la cabeza, una boina de cashmere. Pero me fijo, sobre todo en su rostro. Está enmarcado en una melena castaña clara que se le derrama a veces sobre el lado derecho, ocultando parcialmente el ojo. Mira despistada a izquierda y derecha, como si hubiera perdido la orientación. Camina deprisa con una estabilidad en cierto y extraño modo inestable, como si fuera, en cualquier instante a tropezar. Cosa que sucede. En una esquina del Boulevard des Capucines tropieza con un hombre joven que camina abstraído. Él sale de su ensimismamiento, mientras ella le ofrece una luminosa sonrisa a modo de disculpa. Él le devuelve la sonrisa y sigue andando pero el incidente le ha sacado de su mundo y se vuelve para mirar por última vez a la mujer que sigue su camino. Yo contemplo la escena desde la otra acera. He quedado atrapado por su sonrisa luminosa, por ese aspecto de hada despistada, algo errática y un punto desprotegida en la ciudad bella y hostil al tiempo. Pero sobre todo, he sucumbido a su mirada que por una breve fracción de segundo se ha cruzado con la mía mientras ambos sonreíamos. Decido que ésta, precisamente ésta, es la mujer que siempre he buscado en todas las esquinas de todas las ciudades por las que he vagado.

– ¿En serio?

– Sí. No puedo hablar más en serio ni con más romanticismo. Tengo que decidir con rapidez.  No es mi estilo seguir a una mujer por la calle. La asustaría. Pero no puedo perderla. Decido abordarla. La paro y fijo mi mirada en sus ojos por un instante.  Me disculpo por la que califico de intolerable intromisión de su intimidad. Confieso, algo azorado, que aunque parezca increíble, es la primera vez que se me ocurre una audacia semejante. Me justifico diciendo que mi impulso irrefrenable se basa en mi convencimiento absoluto de que es la mujer de mi vida. Hablo de una novela de Auster que llevo bajo el brazo que relata una situación parecida. Me mira con cara de absoluto descreimiento, pero esboza una sonrisa pícara, que me hace intuir que mi actuación ha provocado una cierta curiosidad en ella. Propongo un café en el bar del cercano hotel Ritz, en la Place Vendôme. Se disculpa aduciendo unas vagas obligaciones. Deseo regalarle el libro de Auster, en inglés, que acepta tras un titubeo. Apunto mi móvil en la contraportada sin caer en el error de pedirle el suyo. Propongo el mismo lugar (bar del Ritz) para tomar una copa de champagne esa tarde a las 8. Digo que allí estaré, esperándola. Sonríe entre extrañada, confundida, intrigada e interesada y se despide con un “tal vez”. Continúa su camino con sus andares despistados y algo inestables, pero llena de determinación. Me quedo contemplándola mientras se aleja. Estoy esperando algo de vital importancia. La prueba definitiva. Mi corazón se desboca. Y, súbitamente, justo antes de desaparecer tras otra esquina, se gira y me sonríe. Tengo la certeza de que mi vida se ha complicado para siempre. Sonrío de felicidad.

  2 comments for “Encuentro en París

  1. Rodolfo
    8 diciembre, 2017 at 10:28 am

    Que bonito!!! Yo estoy en Paris ahora!!!

    • MAF
      10 diciembre, 2017 at 4:27 pm

      ¡¡Disfruta!! Me encanta esa ciudad… no me cansaría de visitarla.

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