La carta

Tú no te prives de nada. Si conoces a una chica que te gusta, y crees que te gusta de verdad, adelante. No tengas miedo de acercarte a ella, de mirarla. De hacer el amor con ella cuando algo en ti, algo que no es sólo el deseo físico, te lo pida. No hagas caso de todas las tonterías sobre el sexo que escuches por ahí, porque lo único que consigues es banalizarlo. Y al final no lo disfrutas más allá del placer físico. Después no sabes hacerle el amor a una mujer, ni sabes penetrar su alma con tus ojos o con un roce de las yemas de los dedos. Haz lo que te pida el corazón, tu corazón, con libertad, pero no trivialices. Aprovecha para conocerte a ti mismo en cada mirada, cada frase escrita, cada verso hablado, cada poro, cada nostalgia. En cada reproche, cada queja, cada metro de distancia involuntario, cada soledad traidora. Cada vez un poco más, para aprender de ti, para saber distinguir entre unos sentimientos y otros. Los que tienen poco valor y los que no querrías soltar nunca. Porque si no, si no tienes criterio y dejas que los otros te convenzan, te aplaquen y te dominen, acabarás como ellos, viviendo una vida mediocre, una vida que no es para ti. No es ésta la vida que tienes que vivir. Que debes vivir. Que mereces vivir.

No pienses que es una orden o una petición, es sólo un convencimiento. Es lo que me gustaría que vivieras tú. A mí me costó treinta y cuatro años. Treinta y cuatro, que se dice pronto. Fui testigo de cómo mis amigos iban conociendo a sus parejas, se iban casando, iban teniendo hijos. Y yo… bueno, yo dejaba la casa que compartía con un novio con el que llevaba viviendo algunos años. Nunca te he hablado de él. Podía haberme rendido, haberme quedado, haber pensado que eso era lo que la vida me tenía reservado. Lo que me había tocado. Después de todo se trataba de algo generalizado, así vivía la mayoría de la gente que me rodeaba, incluido mi círculo más próximo. Con cierto cinismo de mujer que pasa de la treintena yo percibía en todas aquellas relaciones cierta mediocridad. Seguramente fui injusta y poco tolerante en mi manera de ver las cosas, a pesar de que luego el tiempo y los matrimonios rotos hayan podido ponerse de mi parte. Pero no te hablo de eso.

Con una mudanza reciente y la constante incertidumbre, él vino a mí. El amor, el amor con mayúsculas. Y te aseguro que es una sensación que reconoces, que no se parece a ninguna otra. Apenas entiendes qué sucede. Sólo vives, lo percibes y lo sientes. Y te acobardas ante su intensidad. Buscas pretextos razonables, argumentos con cierto sentido práctico que llegas a creerte. Te miras en el espejo y los repites hasta que sonríes con autosuficiencia. Pero te das la vuelta y ahí sigue. No pasa un solo día sin que huyas de él mientras te preguntas si es auténtico, verdadero, genuino. Si está por encima de todas las dudas, de los miedos, de la cotidianidad, de las costumbres… Ese poder de seducción y de atracción, de complicidad, de camaradería, de compañerismo, de pasión, no pasa con los días, tal y como temías, tal y como lo habías visto a tu alrededor, tal y como te lo habían contado.

Cuando alguien te diga lo contrario no le creas. Simplemente no le discutas, no le frustres, que bastante tiene con cargar con su propia tristeza: la de intuir que lo que siente es una casa de cimientos y paredes de humo, puras quimeras.

Y te digo, mírame. Yo lo conocí y lo viví. Ahí se presentó por sorpresa un día de julio hace muchos años, y no le hice caso. Y volvió a aparecer en mi despacho tres años más tarde. Por casualidad. Con su sonrisa franca y su mirada directa. Dime si eso no es el destino. Apareció el hombre más bello y maravilloso, el único, extraordinario, de quien una mujer como yo podía enamorarse.

Tienes suerte. Has nacido de una vida llena de amor. Y tendrás suerte. Vivirás tu propia vida llena de amor. Estoy segura.

  4 comments for “La carta

  1. Rodolfo
    21 noviembre, 2017 at 11:43 pm

    Me quedo con la frase final!!!

  2. Rosa
    27 noviembre, 2017 at 5:29 pm

    Como decía Lope de Vega: esto es amor, quien lo probó lo sabe

  3. Angelo
    6 diciembre, 2017 at 7:28 am

    Interesante… Pero parece que te has rendido, que te has quedado y has pensado que esto es lo que la Vida te tenía reservado. ¿No será Comodidad en vez de Amor?

    • MAF
      7 diciembre, 2017 at 7:53 pm

      ¿Y a qué crees tú que debe aspirar el amor? o aún mejor, ¿A qué debes aspirar tú con el amor? ¿Qué debes esperar de él para no tener la impresión de que te has conformado?
      ;)

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