Carlos, el padre de María

Carlos había tenido un día difícil en el hospital. Además de las consultas y alguna operación de urgencia, había discutido airadamente con Carmen por la dichosa carta. Eran compañeros de trabajo y tenían una relación desde hacía algunos meses. Pero entonces Carmen hablaba de una posible separación de sus respectivas parejas, él miraba a sus hijos y en menor medida a Marta, su mujer, y pedía más tiempo. Hasta que Carmen, sin decirle una palabra, escribió una carta a Marta, contándoselo todo. Su mujer se presentó en el hospital a primera hora de un día frío y lluvioso, y le hizo salir a la calle. Llevaba puestas unas grandes gafas de sol negras y por sorpresa le tendió la carta al tiempo que le preguntaba una sola cosa: si estaba o no enamorado de esa mujer. Le pidió que se tomase un tiempo para pensar qué quería hacer con su vida, con su familia, pero le advirtió de que cuando lo hiciera no habría vuelta atrás. Desde entonces, habían transcurrido un par de días y aunque apenas se cruzaba con ella y charlaban sólo cuando estaban los niños delante, Marta no había vuelto a sacar el tema. A Carmen también trataba de evitarla, al menos hasta que las aguas se calmasen. Ya habría tiempo para tomar una decisión, si es que tenía que tomarla.

Presidía la mesa rectangular donde se sentaban los cinco a cenar, como siempre a la misma hora, ocupando cada uno el sitio que Marta les había asignado. Los pequeños, Javier y Elisa, a su izquierda; María, su hija mayor, a su derecha; y Marta, frente a él. La miró. Llevaba su melena recogida en un moño tirante que destacaba su nariz, severa, y le hacía los ojos saltones. Carlos hablaba con su mujer y sus hijos de los temas de costumbre. Se giró hacia María. No podía negar que era su hija mayor era su favorita, siempre tan alegre y vivaracha. Esa noche tenía un aspecto sombrío y su boca se torcía hacia abajo, alargando su cara estrecha y delgada. Tendría que estar pletórica ante la idea de ir sola de vacaciones. Otra fuente de conflicto con su mujer. Marta los sobreprotegía demasiado. Recordó que ese día le iban a dar las notas y se preguntó si acaso estaría disgustada por eso. Su hija mayor coleccionaba sobresalientes. Los silencios de su hija se intercalaban con los gritos y discusiones de los dos pequeños, y las continuas negaciones de su madre. Carlos suspiró y la imagen de Carmen, desnuda, en la sala de descanso del hospital, cruzó fugaz en su memoria. El timbre del teléfono le hizo regresar a la mesa. La interna salió a responder y regresó diciendo que la llamada era para su hija. Marta le prohibió levantarse hasta que acabase la cena. Carlos la miró con ese gesto de complicidad que ambos compartían. Ella le devolvió la mirada, fijamente, con una expresión que parecía interrogarle y al mismo tiempo retarle, y súbitamente dejó caer la cabeza, como un telón al acabar la función. Su plato de anchoas estaba intacto. A continuación la adolescente se levantó. La veía salir de la habitación cuando un pensamiento, como un rayo, entró por su ojo izquierdo y se le clavó en el estómago, dejándolo sin pulso. Le dijo a su mujer que iba un momento al cuarto de baño. Oía tras de sí los reproches de Marta como las voces de una radio mal sintonizada. En el salón apretó en paso y echó a correr por el pasillo hasta su dormitorio. La luz le deslumbró cuando encendió el interruptor. Tiró del cajón donde guardaba sus papeles y lo abrió sin que opusiera resistencia. Allí estaban las facturas, impresos de las universidades para María y el folleto de Formigal. Y la carta, sin doblar, encima de todo lo demás, igual que un alud que destruye todo lo que está a su alcance.

  2 comments for “Carlos, el padre de María

  1. pepa
    24 abril, 2018 at 10:01 pm

    Me ha gustado mucho este relato, conectado al que publicaste hace unas semanas. Me encantaría que continuaras la serie con las versiones de marta y de carmen. ¿Lo tienes previsto? Ojalá nos des pronto la oportunidad de seguir adentrándonos en esta historia a cuatro bandas.

    • MAF
      26 abril, 2018 at 12:59 pm

      ¡Gracias! Pues sí, muy buena idea. El próximo relato hablará de ellas. ;)

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