Candela

Candela es una de mis personas favoritas, no por ser mi hermana, que también, sino por ser ella y ser así como es. Cómo es. No sabría por dónde empezar. Es la mayor de las cinco, y conforme fuimos llegando las demás, ella cedió su espacio, sin dramas infantiles ni celos. Pienso en ella y sé que es imprescindible en mis días, en mis semanas, en mis meses, en mis años. Es la mano en el hombro, el beso en la frente y el grito para despertarte, aunque esté lejos. Porque Candela vive lejos y la echo de menos, vive lejos por decisión propia, por Juan, por Carmen, y a pesar de ello, no les puedo odiar, ni siquiera tenerles manía. Muy al contrario, Juan y Carmen también son de mis personas favoritas en el mundo, por ser ellos parte de Candela.

Empezar cada historia por el principio no es siempre la mejor solución, ni siquiera es la mejor manera de hacerlo, así que empezaré por las primeras vacaciones de Navidad. Candela se había ido a la universidad. Llevábamos casi tres meses sin verla, hablábamos con ella cada domingo, por turnos. Era como una gran fiesta cuando sonaba el teléfono dos veces y se cortaba. Entonces, nos lanzábamos a marcar el número de su colegio mayor que nos sabíamos todas de memoria. Yo esperaba su regreso por Navidad con más ilusión que las demás, porque había ocupado su habitación que compartiríamos esos días. Era como una especie de campamento de verano en casa. Llegó con una cierta aura de héroe de leyenda: vivía fuera, tenía una vida más allá de nosotras, nuestro colegio y nuestros amigos de siempre, y nos moríamos porque nos contara todo. Incluso el colegio mayor nos parecía un viaje al infinito. Deshizo las maletas con cuidado y colocó algunas fotos en el corcho. Fotos hechas en un bar atestado y brumoso. Quise saber quién era quién, de dónde eran, qué estudiaban. Todo. Candela sólo dijo:

-Bri, poco a poco, así de golpe no te acordarás. Venga, me vas a ayudar.

Se sentó en su mesa de siempre, la despejó de mi material escolar infantil y se puso a dibujar. Me encantaba cuando desplegaba todos sus lápices, rotuladores, acuarelas y demás artilugios de papelería y dibujaba, dibujaba de una forma tan bonita que tranquilizaba mirarla. Así pasamos horas, yo tumbada en la cama con su música de fondo y ella concentrada sobre sus cartulinas. Cuando llevaba ya varias postales navideñas hechas, las extendió sobre la colcha y me preguntó cuál era la mejor. Me costó decidirme y al final opté por una noche estrellada. Candela les hizo la misma pregunta todas las demás. En la postal elegida escribió Juan y una dirección de Menorca. No sé por qué recuerdo con tanta nitidez aquel episodio, o quizás lo he rescatado al intentar reconstruir su historia, mucho tiempo después.

Luego vinieron otras vacaciones, otros nombres, otras fotos. Candela tiene sus mejores amigos de aquellos años de universidad, pero no son los de aquella primera Navidad ni de aquellas fotos borrosas. Las fotos con Teresa y Román son luminosas, sonrientes. Así que cuando acabaron de estudiar, hacían los indecible por verse. Candela, sin que nadie lo imaginara, se sentó a estudiar unas oposiciones, años de apuntes, de academia y de tedio infinito que sobrellevó con la misma actitud de calmado optimismo. Nunca lo habríamos imaginado de ella, ella todo imaginación, frente a aburridos manuales y códigos.

-Esto no es más que un paso, quizás no en línea recta, pero sé dónde voy.

Así que cuando aprobó después de varios años recorriendo la geografía española, según quisiera conocer no sé qué lugar o disfrutar de no se sabe qué sabores, y pidió plaza en Madrid, a nadie nos extrañó. Se instaló en casa de Teresa.

–Sólo un tiempo o acabaremos locas.

Y aquí empezó la segunda parte de su vida, cuyos detalles voy tejiendo ahora, primero a modo de collage, aunque sé que tomarán forma, como si de una obra de William Morris se tratase.

  2 comments for “Candela

  1. Antonio
    19 enero, 2018 at 10:31 am

    Con el gusto y soltura de otros relatos, estupendo.
    Se desea leer mas.

    • ISP
      19 enero, 2018 at 11:42 am

      Habrá más, ya está en el horno de El Reloj.

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