¿La tiranía de las GAFA?

Últimamente, en algunas comidas y cenas con amigos acabamos hablando de las GAFA. Ya saben, el acrónimo de Google, Apple, Fabebook y Amazon. En nuestra última conversación la cosa comenzó por una entrevista que le hacían a Yann Moulier-Boutang, el economista francés que acuñó el concepto de renta básica universal. Esta entrevista- que tiene casi un año- me había interesado porque el sensacionalista titular del periodista recogía las incendiarias palabras del economista, que no eran otras que “Ahora ya todos trabajamos para las GAFA sin cobrar”. Moulier se despachaba asimismo con otras perlas tales como que la gran ganancia de las GAFA consiste en su modelo de digitalización, que no es otro que poner online, y por tanto monetizar, las relaciones humanas, ocupando todas las facetas de nuestra vida. Y pone el énfasis económico en el hecho de que estos modelos de negocio son una espiral descendente hacia el low cost universal. A su juicio, el capitalismo digital no distingue descanso y actividad, siempre está generando tráfico. Nos han convertido en una especie de esclavos: no nos damos cuenta de que trabajamos para ellas sin cobrar, porque las GAFA digitalizan y monetizan día y noche, festivo o laboral…Eso sin considerar sus complicados entramados societarios que acaban en un país con sistemas fiscales particularmente beneficiosos, a pesar de generar millones en ingresos en países donde evitan tributar. Vaya, un poco laberíntico todo.

El caso es que esta entrevista fue sólo la punta del iceberg de una reflexión más personal, porque lo que para mí era interesante es precisamente que somos nosotros, como consumidores (además de lo expresado previamente por Moulier) los que hacemos crecer estas GAFA. Como consumidores buscamos la variedad del producto, la rapidez en la compra y la entrega y, sobre todo, el low cost. Como consumidores nos olvidamos de la experiencia de comprar, de tocar el producto, del escaparate físico y el contacto humano y directo con el vendedor.

Confieso que yo siempre he defendido el comercio de barrio frente al Amazon de turno (no quiero centrarme en esta empresa, es sólo un ejemplo). Y aquí viene la anécdota que contaba mi amiga Pepa y que pone de manifiesto las grandes diferencias entre uno y otro. Su hija le había regalado unos pendientes bastante particulares y accidentalmente rompió uno de ellos. Llamó por teléfono a la tienda donde su hija los había comprado (la tienda está en el centro de Madrid) y contó lo sucedido. La persona que le atendió por teléfono (no sabemos si era la dueña o una empleada) le dijo que no se preocupase, que tenía un par en la tienda y que podría reponer el pendiente, sin coste alguno. Ojo, El pendiente, no el par de pendientes. Hago el matiz porque cuando Pepa me lo contó mi pregunta fue, ¿Y ella qué iba a hacer con el pendiente que le sobrase? Pues nada, seguramente comérselo con patatas. Cuando mi amiga fue a la tienda descubrió que no era el mismo modelo, sino parecido. De modo que la chica de la tienda empezó a pensar de qué fabricante sería hasta que dio con la tecla. Llamó desde allí mismo a la persona, otra chica que hace todo a mano y tiene un pequeño taller en un barrio del sur de Madrid, y le preguntó por ese modelo. No entro en más detalles porque la historia tiene final feliz, como era de esperar.

Cuando Pepa me contó la historia yo estaba impresionada ante la amabilidad de estas personas, que sin beneficio alguno se preocupan por la gente y tratan de buscarle soluciones. No es un coche o un piso o un diamante. Estamos hablando de un producto con un beneficio económico mínimo. Y me recordó a una tienda en la que me compré una chaqueta. Días más tarde llegó una tarjeta escrita a mano a casa… ¡de la tienda! Dándome las gracias y poniéndose a mi disposición para todo lo que necesitase, incluso ayudarme con ropa que no supiera cómo combinar.

A mi juicio, un macro de internet jamás, nunca, podrá ofrecer algo así. Estoy convencida de que si esos pendientes se hubieran comprado por internet a un Amazon de turno mi amiga se las habría visto con un contestador automático de “pulse 1 para tal, 2 para cual…” y una persona al otro lado de la línea que ha tenido cien llamadas y reclamaciones antes de la tuya y tendrá otras cien después. Dicho esto, he tenido experiencias estupendas al teléfono con Apple y Fnac. Son amables y profesionales pero sujeros a unos protocolos que excluyen las particularidades de cada cliente. Comercio masivo, ya saben.

Ignoro por completo si ambos modelos podrán coexistir en el futuro, o si como dice Moulier, acabaremos completamente esclavizados por estos emporios y en este régimen perderemos, entre otros, la humanidad que nos proporciona la relación con otras personas. Sinceramente, me da pavor la idea. Y en la medida de mis posibilidades como consumidora apuesto siempre por las tiendas de barrio, más allá de la vidilla que le dan a la ciudad. ¿Será la edad?

PS: el marido de un buen amigo mío trabaja en una de las GAFA. Él está encantado, y me alegro infinito por él, no deja de ser un puesto de trabajo y una nómina a fin de mes.  Desde aquí le pido disculpas si este post no le gusta demasiado…

PS: Igualmente quiero dedicar este post a mi amiga Pepa ;) ¡Gracias!

  4 comments for “¿La tiranía de las GAFA?

  1. rodolfo
    9 junio, 2017 at 12:08 pm

    brutal!!!

    • MAF
      9 junio, 2017 at 1:51 pm

      un poco exagerado, tal vez… ;)

  2. Pepa esteban
    10 junio, 2017 at 12:22 am

    Vivan las emprendedoras españolas de barrio y las amigas escritoras!

    • MAF
      11 junio, 2017 at 9:12 pm

      ¡Dí que sí! Por cierto, el jueves envié una duda a FNAC sobre un producto y hoy es el momento en que no he recibido respuesta… a eso me refiero con las tiendas de barrio.

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