El hombre invisible

Leer el periódico es como leer un suceso detrás de otro. No es nuevo. Cuando era pequeña mi abuela decía que el Telediario era la versión televisiva de “El caso”. Hay días en los que el estado anímico le pide a uno que el titular le dé motivos para ser optimista. Otros en los que al contrario, quieres que el periodista haga su juicio mediático de lo que consideras que debe ser castigado. Aunque la mayoría de los días sólo aspiras a que la información sea lo suficientemente veraz y esté lo suficientemente contrastada como para poder saber algo más y mejor de lo que pasa a tu alrededor, en este mundo tan loco.

Hoy los titulares que comparten espacio son, como no podía ser de otro modo, los relativos a Cataluña, y nuevos casos de abusos sexuales y físicos a menores. Espeluznante. Y entre noticia y noticia, y artículos de opinión relacionados, una pequeña reseña local. “Encuentran el cadáver de un hombre momificado cuando van a desahuciarlo de su casa”. Al parecer el hombre llevaba cerca de cuatro años muerto. Divorciado, con una hija. Vivía en un bloque de viviendas en un barrio de Madrid. Eso es lo primero que me llama la atención. Que no es un anacoreta o un ermitaño. Que murió por causas naturales hace cuatro años y que en todo este tiempo nadie, absolutamente nadie lo ha echado en falta. Vecinos, amigos, familia… por Navidad, por su cumpleaños… Que tampoco nadie ha echado en falta su ausencia. Ninguna ausencia. Ni la física, ni la de una llamada, un mensaje, un mail, una postal… Sólo la maquinaria legal y financiera ha echado en falta sus pagos. Le ha desahuciado, ha ido a buscarlo. Y lo ha encontrado.

El otro día hablábamos mis compañeros y yo de la muerte. Una amiga me decía que en un documental titulado “Los demás días” se habla de la vida y la muerte. En que hay quien sostiene que uno muere como ha vivido. Así que ahora no quiero pensar. Es decir, no quiero preguntarme qué tipo de persona pudo haber sido, juzgar si se ganó a pulso o no el abandono sufrido, ni en la justicia o injusticia de cómo vivió y cómo murió. Me quedo sólo con el presente. Y me parece…uf…. indigerible. No por él, o no sólo por él, sino porque intuyo que hay muchas personas que viven como lo hizo él. Completa y profundamente solas.

¿Y? pues eso…

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