Por qué me arrepiento de no haber estado en el 8M

Aunque este post salga publicado el 16 de marzo, ahora mismo son las 10 de la mañana del 9 de marzo. Ayer fue 8M, el día en el que a nivel mundial se había pedido una movilización masiva en la reivindicación y defensa de los derechos de la mujer. Lógicamente estábamos llamadas las mujeres, pero también todo aquel que apoyara la igualdad de la mujer, no la teórica, sino la práctica, la de las 24 horas al día.

Yo no fui a la manifestación en Madrid. Tampoco hice huelga. Para mí ayer fue un día como cualquier otro. Había leído antes, en distintos periódicos, todo lo relacionado con el 8M. Quería saber quiénes eran los convocantes, cuál era el lema de la manifestación. Inicialmente apoyé la propuesta. Después, como siempre y para liarla, intervinieron los políticos, en forma de partido o plataforma. Y la cosa se complicó. Al menos para mí. Aquello dejó de ser una reivindicación social, cultural y educativa y se convirtió en un medio para la defensa de otras cuestiones como el anticapitalismo. Los sindicatos intervinieron. Para mí se convirtió en otra arma política llena de trampas. Entonces empecé a escuchar otras voces no partidarias de la movilización. Sus argumentos se basaban esencialmente en que hacer un día especial de la mujer invalida los otros 364 días, si no completamente, sí en la esencia de la importancia continua de la mujer. Y pensé que eso era cierto. Que nunca he creído realmente en que haya solo un día para algo. No lo hay para el amor, con San Valentín, ni para los muertos, como el Día de todos los santos, ni para la madre, para el padre, o para el trabajador. Que el esfuerzo en favor de la igualdad ha de ser diario: en las tareas de la casa, en la crianza y educación de los niños, en los colegios, en las universidades, en los mandos medios y directivos, en los consejos de administración, en los cargos públicos. Que la conciliación ha de ser real. La igualdad, real, y la admisión de las diferencias entre hombres y mujeres -que las hay, y no son pocas- también, aunque las feministas más extremas no quieran verlas.

Ayer seguía en directo la movilización, desde el ordenador de trabajo, mientras trataba de escribir, con escaso éxito, una escena de un libro. Y sentía que había algo en mí que estaba con ellas, acompañándolas. De un modo un tanto inútil con mi no presencia, pero acompañándolas después de todo. Esta mañana he visto en instagram una foto de mi amiga Nuria Labari en la manifestación, con Águeda, la empleada de hogar -aunque el oficio debe llamarse, correctamente, empleado de hogar- por cierto, un empleo cualificado que mucha gente no sabe ejecutar. Y no puedo evitar copiar literalmente el texto que acompaña a la foto: “a veces, he sentido mucha vergüenza de mi país por hacer invisible a la mujer que me ayuda a ser visible. A la que trabaja cuidando de mis hijas (y no solo) a un océano de distancia de su tierra y su familia (…)”. Me ha gustado, no por su justa reivindicación, sino por todas las Águedas del mundo, todas las mujeres invisibles que ayer no tuvieron la elección de movilizarse, hacer huelga o manifestarse. Yo al menos pude elegir. Y hoy me arrepiento de no haber estado allí, con ellas, en el lugar que me correspondía. He sentido la soledad de mi despacho frente al sentimiento y la voz únicos de las calles. Era el espíritu femenino, en la sonrisa amable reivindicativa. Las mujeres sabemos distinguir los frentes.

Me consuelo con la idea de que tal vez 8M sea un antes y un después en la toma de conciencia social, individual y colectiva. Un antes y un después desde el respeto a quiénes somos y lo que valemos. Que es todo.

  3 comments for “Por qué me arrepiento de no haber estado en el 8M

  1. Pepa
    16 marzo, 2018 at 12:30 pm

    Qué buena iniciativa la de Nuria!
    Yo fui con mi hija mayor representando a la pequeña que tenía ese día guardia en el hospital. Y lo disfruté mucho. Creo que fue una manifestación muy diferente a las demás: festiva, inclusiva, muy transversal en edades y estatus sociales, sin un liderazgo claro de nadie, … Podíamos estar o no de acuerdo con algunos de los lemas o las pancartas, pero no iba de eso. Iba de compartir la vivencia de ser mujer con otras mujeres y reivindicar nuestro derecho a jugar en la misma división que los hombres. O así lo viví yo esa tarde-noche en Madrid.

    • MAF
      16 marzo, 2018 at 3:13 pm

      Sí. Pero en una división donde las reglas no estén definidas por los hombres para un mundo masculino al quien tebemos que sumarnos para no quedarnos fuera…

  2. Nuria
    19 marzo, 2018 at 12:06 pm

    Cierto. Un empleado del hogar bien puede ser un hombre o una mujer, pero siempre ha estado en manos de las mujeres. ¿Consecuencia? que se ha vuelto invisible, parece que no sea un trabajo, o oficio cualificado para el que se requiere orden, empatía, previsión… sin olvidar los aspectos técnicos.

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