¿EL RELOJ DE LA ESTACIÓN?

El reloj de una estación no es un reloj cualquiera. No es un conjunto de perfectos mecanismos que, presididos por dos o tres agujas, indican en movimiento sincopado el paso de los minutos y las horas, ajenos a todo lo que sucede a su alrededor. Es mucho más que un algo insomne. 

El reloj de una estación, de la estación, es el eterno y discreto espectador de pasos apresurados, ruidos de maletas, carreras, impaciencias. Miles de miradas fugaces se dirigen a él con el deseo de que camine más rápido o aminore su paso. 

Es el impertérrito testigo de un encuentro, una espera, una nostalgia, una alegría, una despedida, una incertidumbre, un recuerdo, una lágrima, un anhelo, una partida, un viaje interior y otro exterior; un cambio, una esperanza, un tiempo y una distancia. 

Compañeros de viaje, tú y yo, imaginamos y esperamos que algo bueno va a suceder. Somos cómplices silenciosos en esta estación y emprendemos un largo e inesperado viaje juntos, al albur de su reloj.


El reloj: instrucciones de uso

Lo bueno de este reloj es que marca distintas horas.

Cada quince días, los martes, marcará la de un relato. También cada quince días, pero los viernes, marcará la hora de una crónica más personal, un cuento chino. Y cada dos semanas (por llevar el orden suizo), los miércoles, marcará con su hora la opinión de un lector. Como si fuera “el rincón del oyente”…con el nombre de ese oyente, por supuesto.

Claro, que esto puede ser como son los buenos relojes, que se adelantan y se atrasan. Pero siempre, siempre, marcan alguna hora en algún día…

¡Disfruta!